El profesor Yichen Qiang en su laboratorio en Jinping (año 2 200)
Yo, Yichen Qiang,
creador de la clonación exobiológica, te dejo esta carta de despedida, querida
Laura.
En la penumbra de
los días que se sucederán sin fin, hasta que tus pasos se desvanezcan en otra
galaxia,
Podrás leer esta
confesión. Yo, Yichen Qiang, el primer homo sapiens en pisar el suelo lunar de
Ganimedes,
No imaginé este
futuro sin hijos, sin niños, sin mujeres embarazadas, sin partos largos y
dolorosos, amada hija.
Yo, que te
engendré en un cristalino matraz, imaginé que el futuro despegaría de las
paredes de una probeta.
Hoy se revelará
el mapa de tu destino. No espero que comprendas ni aceptes este último designio
de los santos
De la mecánica
cuántica, de las leyes dulces y terribles de la termodinámica. Yo, Yichen
Qiang, descendiente
De antiguos
mongoles, de conquistadores salvajes y nómadas, recorrí las luces de todos los
espectros
Que produce el
gas neón. Yo, Yichen Qiang, el padre y la madre y la semilla y el dios de Laura
Wang,
Decido confesar
esta dura verdad: Hubo un rastro de cromosoma exobiológico, perdido en una luna
mayor
Del sistema
solar. Hubo una vez un padre condenado a perder a su hija en la tarde de todas
las estrellas,
En la noche de
todos los planetas, en el amanecer que solo verán los corazones destinados a
latir
Durante un
milenio sin pausa, como el tuyo, hija perfecta, hija mecatrónica, hija del azar
o de las nubes
Del polvo estelar, hija de todos los consuelos, hija del último horizonte, ese que insistimos en llamar
Futuro.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario